
Porque tal día como hoy, en 1975, se organizó en Belgrado el Seminario Internacional de Educación Ambiental y se establecieron los principios de la Educación Ambiental en el marco del programa de las Naciones Unidas. Y como resultado, se publicó la Carta de Belgrado, en la que se plasman las reivindicaciones fundamentales de la Educación Ambiental, cuyas metas son:
Formar una población mundial consciente y preocupada con el medio ambiente y con los problemas asociados, y que tenga conocimiento, aptitud, actitud, motivación y compromiso para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones para los problemas existentes y para prevenir nuevos.
Por eso hoy os propongo un experimento sencillo, ideal para hacer con amigos, en familia o incluso en solitario, y que resulta muy ilustrativo para todas las edades.

Y antes de despedirme, os lanzo un reto: ¡que hagáis el experimento y compartáis por aquí vuestras conclusiones y resultados! Podéis hacerlo con vuestro alumnado, en familia, con amigos… como prefiráis.
Porque cada experiencia cuenta, cada mirada que se detiene a observar el suelo es un pequeño paso hacia su cuidado. Ojalá este experimento sirva para sembrar preguntas, despertar curiosidad y fortalecer ese vínculo tan necesario con la tierra que nos sostiene.
Aquí os espero, con muchas ganas de leeros.
Y por último, no quiero terminar este post sin daros a conocer uno de los principales actores más influyentes, a nivel internacional, en Educación Ambiental; Edgar J. González Gaudiano, mentor para las que trabajamos por una transición ecológica, desde la educación y las buenas prácticas en gestión ambiental.
